​​#15O  en París
“Despertemos París”

Dos de la tarde, estación de Châtelet. Los turistas siguen al pie de la letra sus guías y las familias salen a disfrutar de los ocasionales rayos de sol. Una decena de furgonetas policiales están preparadas varias horas antes, ocupando de un extremo a otro el puente de Notre Dame. Ni rastro del movimiento, la idea de presenciar una gran manifestación comienza a disiparse.





































Tres de la tarde, Gare du Lyon. Una treinta de personas decide ponerse en pie, literalmente, tras una asamblea donde la habitual cortesía francesa queda patente. Quien está al mando del micrófono habla suavemente y con calma. Sus últimas palabras antes de partir: esto no es una manifestación, es una marcha, ¡despertemos París! Comienzan a caminar por la acera como quien pasea un soleado sábado, sin obligaciones. Caminan, charlan y de cuando en cuando irrumpen sus conversaciones para gritar al aire.



Conforme se acercan al punto neurálgico el flujo de personas va creciendo, llegan de las calles adyacentes, y se desborda por las aceras ocupando el carril contiguo. Los coches con suma paciencia se apartan y miran incrédulos. Aquel que no respeta la prioridad del carril de los indignados sufre sus reproches: “¡respeta a la Democracia!”. Se oyen gritos de “Tout va bien” (todo va bien), una máxima que a muchos en España les puede sonar conocida, y cruel.



El movimiento español está muy presente entre los indignados, es un referente para esta ocasión tan especial en la que se lanza por primera vez una convocatoria a nivel mundial. Tanto es así que en una de sus consignas gritan a todo pulmón, en un español que no consigue desprenderse de su característico acento: “el pueblo unido, jamás será vencido”. Todavía está en caliente la última manifestación del pasado 17 de septiembre. Ese día, las Marchas Populares llegaban a la ciudad de las luces desde España con el objetivo de concluir su viaje en Bruselas, recorriendo así más de 1.500 kilómetros. Pero antes de llegar a la Bastilla, símbolo de la Revolución Francesa, los manifestantes fueron cercados y rociados con gases lacrimógenos por parte de la policía. Separa y vencerás, una estrategia que conocía perfectamente la gendarmería.

Isabel García, redactora en una agencia de prensa internacional, lo presenció. Fue arrastrada por el suelo junto a otros manifestantes y llegaron a romperle el bolso que llevaba consigo. “Pero esta vez va a ser diferente, no nos van a parar” afirma animadamente. En este caso el movimiento cuenta con el permiso de manifestación.

Todas las asambleas convocadas en las principales estaciones de la ciudad desembocan en la plaza del Hôtel de Ville, a mar abierto, donde turistas e indignados se fusionan y las pancartas reflejan por doquier. Incluso los propios organizadores de la convocatoria confiesan su sorpresa por la gran asistencia.



Mar Kramer posa junto a su pancarta, sonríe a los medios que se acercan a él y se mueve con desenvoltura ante las cámaras. “Creo que hacía mucha falta que las diferentes generaciones se unieran, todas ellas están siendo atacadas por la dictadura financiera”, afirma en un perfecto español este periodista americano residente en París. A sus 67 años conserva una sonrisa infantil y habla con cariño de su país de acogida: “son muy tranquilos, pero cuando el francés tiene la espalda contra la pared es capaz de convocar a millones de personas para salir a la calle, como cuando el año pasado quisieron aumentar la edad de jubilación.” Y asegura firme “es necesario que esto continúe porque la clase dominante, el 1% que lo controla todo, piensa que nos vamos a cansar.

Por ello, hay que encontrar una manera de sostener esto en el tiempo frío, porque va a ser muy duro”. Pero lo más importante para Kramer es que “se rompan las fronteras en cuanto a los movimientos sociales”.

Antes de marcharme de ese escenario, echo una mirada atrás y veo un gran cartel con ocupa parte de la fachada del Ayuntamiento de la ciudad que dice lo siguiente: Francia está comprometida con la libertad de todos los rehenes del mundo.