Las playas de París se dividen en torno al conflicto palestino-israelí 

Lo que debía ser uno de los eventos estivales por excelencia de la capital, se ha convertido en el centro de la discordia. Hace apenas tres semanas, París exhibía sus famosas playas artificiales, oasis de ocio para aquellos parisinos que se ven obligados a quedarse durante el verano y también para el disfrute de los privilegiados turistas.

 

Desde hace varias ediciones, Paris Plages acoge una ciudad extranjera como invitada de honor y este año recayó en la capital israelí de Tel Aviv, ciudad hermanada. Tras su anuncio, se desató un escándalo político en la izquierda municipal. Varios electos denunciaron públicamente la “indecencia” de esta cooperación, mientras que el partido comunista aseguró “no estar informado” de dicha iniciativa que calificó de “operación de comunicación servida en bandeja al Gobierno israelí”.

 

A dos días del evento, la alcaldesa socialista, Anne Hidalgo, publicó una tribuna en el diario Le Monde donde defendió su iniciativa asegurando que Tel Aviv es “abierta a las minorías y progresista” y añadió que es mejor “intercambiar que boicotear” puesto que “uno puede condenar la política del Gobierno de Benjamin Netanyahu sin castigar a la población israelí”.

 

Para Serge Grossvak, miembro de la Unión de Judíos por la Resistencia y la Cooperación, la alcaldesa Anne Hidalgo, en su visita a Israel el mes de mayo, “se vio entre la espada y la pared por alguna razón que desconozco. Quiso negociar algo y a cambio le pidieron Tel Aviv en el Sena”. Grossvak reiteró: “No es casualidad que nadie estuviera al corriente, ni siquiera los propios empleados municipales. Las primeras informaciones fueron desveladas por la embajada israelí de Francia. Finalmente, este acto ha sido un fracaso para Israel y la alcaldesa pagará su precio”.

 

Escasa asistencia

 

El pasado jueves, las playas junto al Sena amanecieron ante la expectación de decenas de periodistas que se agolpaban junto a la arena y un dispositivo policial de hasta 500 agentes que, según algunos medios de comunicación franceses, superaban con creces el número de asistentes.

De manera paralela, a pocos metros de Tel Aviv en el Sena, se celebró otro evento organizado por asociaciones propalestinas y bautizado como Gaza en el Sena. Entre ambos, un cordón policial de una treinta de agentes que han impedido el paso en ambos sentidos. Para visitar un lado u otro, los asistentes debían salir del recinto para volver a pasar por el control de seguridad, donde se inspeccionaban los bolsos y se pasaba por el detector de metales.

 

En el trayecto que separan las dos riberas, decenas de personas se paseaban junto a sus banderas israelíes y palestinas y, en ocasiones, se producía un cruce de palabras entre ellos. “No existe ciudad más tolerante que Tel Aviv”, gritó una mujer agitando su banderola ante el rostro de un hombre que le recrimina la política del Gobierno israelí.

 

“Check-points” de Paris Plages

 

Un control comparado a menudo por los asistentes con los controles de la armada israelí, los “check-points”, que sufren los palestinos en territorio ocupado. Katia denunció que “después de haber esperado durante media hora en la fila para entrar en Tel Aviv en el Sena, cuando han abierto mi bolso han encontrado una bandera palestina en el interior y me han rechazado la entrada”.

 

Madjid Messaoudene, consejero municipal del Partido de Izquierda, trató de pasar el control pero los agentes de seguridad le impidieron el paso. Aquellas personas con cámaras fotográficas réflex pedían una acreditación en el puesto de prensa del Ayuntamiento para poder entrar. Messaoudene afirmó que “los check-poins convierten esto en más real. Esto me recuerda a Qalandiya”. Hizo referencia así al puesto de control israelí que separa las ciudades de Jerusalén y Ramallah. “Hidalgo ha querido vender este proyecto como algo cultural pero no se puede separar la cultura de la política”, alegó.

 

Jonathan, un joven parisino, se acercó al stand de una de las asociaciones para firmar la campaña en defensa de los derechos de los palestinos. “La firma de un judío como yo debería valer el doble”, bromeó, “algunos quieren que hagamos la amalgama entre judaísmo y sionismo pero son dos cosas totalmente diferentes. Yo soy judío pero jamás he pisado Israel ni hablo hebreo. ¿Cómo puede Israel presentarse como un Estado judío? ¿Te imaginas un estado para los musulmanes o para los cristianos? No es normal”.