Francia celebra los César del Racismo

Este viernes se celebró en la capital francesa la 6ª edición de los Premios Y´a Bon Awards, conocidos como los César del Racismo. Una ceremonia que nada tiene que envidiar a otras : tiene su propia alfombra roja, un photocall donde posan las celebrities, un público que cuenta con 450 asistentes y, cómo no, su estatuilla, la « banana de oro ».

 

En total, cinco categorías, 30 nominados y una quincena de jueces para seleccionar « lo mejor de lo peor» como anunció Amadu Ka, presidente de la asociación « Les Indivisibles » (Los Indivisibles) y promotor de los premios. Su objetivo : luchar contra los estereotipos y la banalización del racismo a través del humor.

 

Durante el discurso de apertura, Ka lamentó «tener que celebrar estos premios » y agregó « nos reímos del racismo, el humor es una forma de lucha, pero no hay que olvidar que el racismo mata ». Ka hizo referencia al caso de una joven embarazada que hace un año perdió a su bebe tras ser agredida por varios hombres por el simple hecho de portar el velo islámico. Para Ndeya Paye, activista afro-feminista , « ser mujer, negra, musulmana y además de todo eso llevar el velo son  taras  que la sociedad francesa no quiere ver ».

 

Premios sin premiados

 

El presentador de la gala, Mathieu Longatte, es un actor convertido en estrella de las redes sociales gracias a sus monólogos ácidos sobre la escena político-social en Francia. Uno a uno anunció a los nominados que, en lugar de aplausos, recibieron abucheos por parte de los espectadores. Ninguno subió a recibir su galardón, ninguno estaba presente en esta ceremonia donde reinó la parodia. Entre ellos se encontraban figuras políticas de todo color, incluido el Presidente de la República y su Primer Ministro ; periodistas de grandes medios de comunicación, actores y filósofos entre otros.

 

« Los premios han estado muy reñidos » reveló la fundadora de Les Indivisibles, Rokhaya Diallo, que denunció que «tras los ataques del pasado mes de enero contra la redacción de Charlie Hebdo, ha habido un aumento de los actos y las declaraciones racistas ; mezcla del miedo y de la hostilidad ». Ningún colectivo étnico o religioso queda excluido.

 

Entre el jurado se encontraba Medine, un conocido rapero cuya canción «I´m muslim, don´t panik » (soy musulmán, no teman) le catapultó a la fama, y que denunció que «algunos medios de comunicación presentan a los musulmanes a modo de caricatura. Estos medios utilizan de forma sistemática a la población musulmana y gitana para poder vender más periódicos y ganar más audiencia ».

 

Rui Wang, presidente de la Asociación de Jóvenes Chinos de Francia, conoce de primera mano la estigmatización mediática y aseguró que «es cierto que la población china no está en el punto de mira como otros colectivos pero también sufre ataques». Para corroborarlo, Wang relató un éxito judicial insólito en Francia frente a un medio de comunicación. En 2012, el diario Le Point publicó un artículo bajo el título « El misterioso éxito de los chinos en Francia » en el que afirmaba que la comunidad china se encontraba al margen de la ley y que estaba exenta de pagar impuestos ; declaraciones que le costaron una denuncia por difamación racial y una multa de 1.500 euros.

 

Por su parte, Saimir Mile, presidente de la asociación La voz de los Gitanos, bromeó sobre el escenario « el racismo es como las Naciones Unidas : hay miembros permanentes, que tienen derecho a veto, y miembros no permanentes. No os preocupéis porque vosotros iréis rotando. Nosotros en cambio estamos siempre presentes ». Más tarde, entre bambalinas, Mile confiesa que « si tuviéramos que llevar frente a la justicia a todos aquellos que realizan declaraciones racistas sobre los gitanos nos pasaríamos toda la vida en los tribunales ».

 

Y la Banana de Oro es para...

 

El primer laureado de la noche fue Philippe Tesson, un periodista octogenario que afirmó durante una emisión de radio que « los musulmanes atentan contra la laicidad en Francia ». El segundo galardón lo recibió la realizadora Caroline Fourest que aseguró en una cadena de televisión que « las familias musulmanas piden que no se enseñe el holocausto nazi en los colegios ».

 

El tercer ganador fue, ni más ni menos, que el ministro socialista de trabajo, Michel Sapin, que durante una entrega de diplomas se dirigió a uno de los asistentes a modo de « broma » : « vuestro nombre (de origen magrebí) parece un poco un nombre de gentuza». En la cuarta categoría dedicada irónicamente al «buen pedigrí » se encuentra el periodista Philippe Val que declaró que «el movimiento anticolonialista reprocha a la colonización, no tanto el haber sido víctima de malos tratos, sino el haber ofrecido a los árabes, africanos e indochinos el sabor de la democracia y de la cultura ».

 

Y para terminar, de nuevo otro periodista, en la categoría « racismo en 140 caracteres » que ha ido a parar a Natacha Polony que compartió una fotografía en su cuenta twitter de una mujer pidiendo limosna en la calle y a la que comparó con Leonarda, una joven gitana de origen kosovar que fue deportada por encontrarse en situación irregular.

 

Para muchos de los asistentes, esta ceremonia ha sido la reafirmación de que en esta batalla desaparecen las minorías para convertirse en una mayoría contra el racismo.