Francia busca su lugar en Oriente Medio

El primer ministro francés, Manuel Valls, comenzó este viernes una gira en Medio Oriente que incluirá Egipto, Jordania y Arabia Saudita. En la mesa de negociaciones estarán presentes temas como la protección de las minorías religiosas, la lucha contra el terrorismo y la crisis de refugiados sirios. Francia busca así recuperar su liderazgo en la región.

El general Charles de Gaulle lo bautizó como la “política árabe de Francia”, un acercamiento del país galo hacía el mundo árabe tras la victoria israelí contra el Líbano en la llamada Guerra de los Seis Días en 1967. Para muchos, estas palabras se convertirían en un mito. Tras los últimos acontecimientos, los analistas se preguntan qué queda de esa estrategia y cuál es el papel de Francia en Medio Oriente.

 

¿Existe una verdadera “política árabe”? Para Hubert Védrine, exministro de Asuntos Exteriores entre 1997 y 2002, la respuesta es nítida: “No existe una política global árabe y nunca ha existido”. Védrine defiende que “los países europeos han tenido que ir adaptándose al caos. Las primaveras árabes han sido catastróficas en general, a excepción de Túnez, y ni siquiera se ponen de acuerdo entre los propios países árabes”.

El exministro defiende que “Francia es uno de los pocos países que ha mantenido una política y trata de llegar a un acuerdo con cada país, aunque a menudo se encuentra sola y tenga sus contradicciones, por lo que no deberíamos ser tan críticos”.

 

Diplomacia solitaria

 

Una de las palabras más repetidas por los diplomáticos es la “soledad” que sufre Francia. El país se ha encontrado en varias ocasiones sin el apoyo de sus socios occidentales. Nathalie Goulet, vicepresidenta de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, ofrece una posible explicación: “Francia no puede actuar sola y eso nos retrasa. Somos el único país europeo que es una verdadera fuerza militar y nos sentimos obligados a intervenir por nuestros vínculos con África y Medio Oriente”.

En estos últimos años, Francia ha participado en el plano militar en varios conflictos, lo que le llevó en 2013 a ganarse el calificativo de “país occidental más intervencionista” (estatus reservado tradicionalmente a Estados Unidos) otorgado por el centro American Task Force on Palestine.

 

Según, Denis Sieffert, director del semanario Politis, “la diplomacia ya no es independiente como lo era en los años 60, para nostalgia de algunos. Ahora hay que negociar con el resto de Europa, EEUU y a veces con Rusia”. En esa búsqueda de apoyos, “Francia ha tratado de colarse en las grietas de las relaciones entre EEUU y Arabia Saudita, que se han enfriado tras el acuerdo nuclear con Irán, con la intención de remplazar a Washington, pero eso es impensable”. Sieffert considera que esta relación es “oportunista y contradictoria puesto que el país saudita representa la corriente wahabita del islam, el molde del yihadismo y el terrorismo”.

 

Diálogo sí, ¿pero con quién?

 

¿La segunda cuestión es dialogar? Sí, ¿pero con quién? ¿El dictador sirio Bashar Al-Assad? ¿La oposición? ¿Los kurdos del norte de Irak? ¿Rusia? ¿Irán? El Centro de Análisis, Previsión y Estrategia del Ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por Justin Vaïsse, parte de la premisa de que “si sólo colaborásemos con países que respetan los derechos humanos no tendríamos socios”, y explica que “dialogar con un país no quiere decir que se adopte automáticamente todos sus valores”.

 

Vaïsse cita una metáfora que “está de moda ahora” y que defiende que “si durante la Segunda Guerra Mundial nos aliamos con Stalin para luchar contra Hitler, vamos a aplicarlo con Al-Assad”. Aunque este historiador no comparte la idea porque que “Al-Assad no es tan poderoso ni puede luchar contra el EI”, justifica que “a veces podemos defender una buena causa aliándonos con quienes encarnan el mal por un bien mayor”.

 

¿Francia sin aliados?

 

Pero entonces, ¿quiénes son los aliados de Francia? “Francia no tiene socios en Medio Oriente o, al menos, no los adecuados”, asegura Claire Talon, experta de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH). “Dialogar con todo el mundo no sirve de nada si esto conlleva unos costes terribles para las sociedades civiles árabes al no condenar de manera directa a los responsables de crímenes y violaciones de derechos humanos”, critica esta periodista.

 

Talon denuncia la habitual visión maniqueísta en Medio Oriente y que, en el caso de Siria, presenta dos fracciones “o Al-Assad o EI” pero entre ellos hay un tercer actor “que es la sociedad civil siria que se ha organizado en la zonas liberadas por el régimen y que ha sido marginalizada. Son ellos quienes crearán la Siria de mañana”.

 

Para algunos especialistas, el “enlace” entre los dos enemigos históricos, Irán y Arabia Saudí, puede ser el primer paso hacia la estabilidad de la región; aunque sea por interés. François Nicoullaud, antiguo embajador de Francia en Irán, ve muy clara la vía que debe seguir Francia: “Recuperar su papel de líder: el de un país que habla con los saudíes e iraníes y que contribuye a un acercamiento entre ambos”.

 

Sin embargo, Francia busca apoyos pero también negocios. En esta gira francesa por Medio Oriente acudirá además el Ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian, que ha liderado durante el último año una importante campaña de ventas de armas en la región y cuya cifra de negocios podría superar pronto los 15.000 millones de euros.